Bolsonaro y Haddad contrastarán visiones económicas rumbo a la Segunda vuelta electoral en Brasil

Para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil, entre el candidato Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL, derecha), y Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda), enfrentará también dos visiones opuestas en el plano económico.
La crisis económica de los últimos años, que elevó la tasa de desempleo a niveles récord con 13 millones de personas sin trabajo, así como el agravamiento del cuadro fiscal, han desempeñado un papel clave en las decisiones de los electores y constituyen un gran desafío para el próximo presidente que surja de las urnas el próximo 28 de octubre.
La polarización política puede reeditar a su vez las dificultades para alcanzar consensos que permitan las reformas propuestas, respecto a las cuales los candidatos han sido poco precisos.
Aunque la vuelta del PT al poder es rechazada de manera amplia entre representantes de las altas finanzas y las grandes empresas, al considerarla “estatizante e intervencionista”, el apoyo a Bolsonaro en el medio financiero no es unánime, sobre todo en el exterior.
Días antes de la primera vuelta electoral del pasado domingo, dos calificadoras de riesgo crediticio, Moody’s y Standard & Poor’s (S&P), alertaron que una eventual victoria de Bolsonaro dejaba grandes interrogantes.
S&P indicó que el mayor riesgo para la nota soberana del país está en cómo enfrentará el nuevo gobierno los desafíos económicos, entre ellos la brecha fiscal y el bajo crecimiento, así como diversos problemas sociales.
El déficit fiscal llevó a un rápido crecimiento de la deuda pública, en el marco de una severa recesión en 2015-2016, de la cual salió la economía de manera gradual sin recuperar su dinámica previa.
La deuda pública bruta pasó del 60 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en 2010 al 77 por ciento este año, en una trayectoria que llevó al gobierno del presidente Michel Temer a establecer, con aval del Congreso, un techo al aumento de los gastos públicos por 20 años.
Luego de la caída acumulada del PIB del 9 por ciento en el período entre 2014 y 2016, el mayor ciclo recesivo en la historia brasileña, la economía registró el año pasado un tímido crecimiento del 1 por ciento y este año se estima una expansión del 1,35 por ciento.
El próximo gobierno parece obligado a contener gastos para equilibrar las finanzas públicas, objetivo que se presenta como una tarea difícil por el crecimiento de los salarios en el sector público y las demandas sociales en salud, educación y seguridad.
El equipo económico de Bolsonaro, liderado por el economista Paulo Guedes, ha sido cuestionado por no tener un programa claro de ajuste fiscal, aunque es apoyado por los grandes inversores.
Guedes, de la escuela económica estadounidense de Chicago, afirmó durante la campaña que la base de su plan era “privatizar todo”, lo que según él permitiría recaudar unos 270.000 millones de dólares con ventas de activos públicos, sin incluir la empresa estatal Petrobras, ni los bancos Caixa Económica y Banco do Brasil.
La propuesta fue considerada por economistas como poco confiable, puesto que los activos estatales que podrían ser vendidos tendrían un valor mucho menor.
El economista Julio Miragaya, presidente de la Asociación Nacional de Instituciones de Planeamiento, Pesquisa y Estadística (Anipes), recordó que Bolsonaro fue adoptado por los empresarios y el mercado financiero a última hora.
“Bolsonaro no es el candidato de los sueños del mercado financiero, pero ante la inviabilidad de Geraldo Alckmin (del Partido de la Social Democracia Brasileña), y el temor al retorno del PT, que inclusivo podría traer un gobierno petista más a la izquierda que los anteriores, (los inversores) acabaron incorporando la candidatura de Bolsonaro”, dijo Miragaya a Xinhua.
Contrario a las aspiraciones del mercado financiero, el candidato del PSL se ha pronunciado, por ejemplo, por un régimen de capitalización para el deficitario sistema de pensiones, que podría aumentar el déficit público.
Prometió, además, reducir impuestos y garantizó que no permitiría la reedición de un impuesto al consumo muy impopular en el país, con lo que contradijo a Guedes.
Dentro de su trayectoria política, con 27 años de actuación en la Cámara de Diputados, Bolsonaro votó de manera habitual contra reformas liberalizantes.
Sus discursos siempre fueron al mismo tiempo contra la austeridad e intervencionistas, lo que genera recelos.
Por su parte, Haddad enfrenta como principal desafío en la campaña electoral, las acusaciones contra su partido como responsable de la crisis económica y el desempleo en Brasil.
“Dilma (Rousseff) tuvo muchos problemas con el Congreso que impactaron a la economía”, recordó Miragaya.
Entre estos problemas estuvo el hecho de haber puesto al liberal Joaquim Levy en el Ministerio de Hacienda, “con una política de ajuste que puede haber profundizado la tendencia a la recesión”.
Según el economista, Bolsonaro vio que la cuestión del desempleo podía ser explotada electoralmente, por lo que responsabilizó al PT y a otros candidatos “del sistema”, colocándose como candidato antisistema, a pesar de tener muchos años como legislador.
“Entonces ese tema penalizó más a Haddad que a Bolsonaro. Más allá de cuáles fueron realmente las causas por la crisis económica, la responsabilidad del gobierno Rousseff se convirtió en un hecho”, comentó el profesor.
En su discurso del domingo por la noche, Haddad dio señales de buscar contrastar con Bolsonaro en defensa de la “soberanía nacional”, lo que significa el rechazo a las privatizaciones y a otras medidas que puedan debilitar al sector público en la economía.
El programa del petista promete revocar la enmienda del techo de los gastos aprobada por Temer, lo que según sus críticos podría traer un aumento más acelerado de la deuda pública.
La propuesta económica prevé también la implementación de medidas de emergencia, como reducción de la tasa básica de interés para impulsar el crecimiento económico, así como facilitar el acceso al crédito para las empresas y los consumidores.
En el área social, las promesas del candidato provocan dudas en un contexto de evidentes problemas de financiamiento para el gobierno.
Haddad ha prometido incrementar el presupuesto educativo y los fondos para programas de vivienda e infraestructura.
En un escenario polarizado, está por verse la manera en que los aspirantes presidenciales abordarán las cuestiones económicas para convencer a los electores moderados, de quienes depende la definición de las elecciones más inciertas en la historia reciente de Brasil.

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