Ciudadela Inca de Machu Picchu es también modelo de gestión ambiental

La ciudadela inca de Machu Picchu es un modelo de gestión ambiental porque refleja las relaciones armónicas y respetuosas que existían entre los incas y la naturaleza, afirmó hoy el director de Comunicaciones y Sosteniblidad del grupo AJE, Jorge López-Doriga.
“Es una joya de la humanidad, es la séptima maravilla del mundo y es un patrimonio de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), porque cuando la redescubrieron estaba todo en pie 500 años sin mantenimiento”, subrayó.
Según López-Doriga, la estabilidad de esta edificación está relacionada a la eficiencia en la canalización del agua aplicada por los ingenieros incas, lo que evitó derrumbes pese a que se encuentra en un pico montañoso a 2.490 metros sobre el nivel del mar en la región surandina de Cusco.
“Es una canalización impresionante, tenemos muchísimo que aprender de los incas, cómo canalizaban el agua. Está totalmente unida al medio ambiente de su alrededor”, expresó.
Las declaraciones de López-Doriga se dieron en el marco de la presentación del Programa de Gestión de Residuos Sólidos en Machu Picchu, impulsado por Agua Cielo, Inkaterra y el municipio distrital de Machu Picchu Pueblo, para promover la sostenibilidad ambiental en la antigua ciudadela inca.
“Cada vez más el mundo moderno está conectado a una inteligencia artificial, los incas y sus predecesores estaban conectados a la inteligencia natural, a la Pachamama (Madretierra) y todo lo que hacían venía de hablar con la Pachamama, de tener un diálogo, no una lucha ni una rivalidad con la madre tierra”, anotó.
Precisó que el programa contribuirá en el reciclaje de las 14 toneladas de desechos orgánicos e inorgánicos que son generados todos los días por los turistas, de estos una tonelada corresponden a botellas plásticas (material PET).
La preocupación de las instituciones que operan en esta zona, Agua Cielo, Inkaterra y el Municipio de Machu Picchu Pueblo, ubicado cerca del centro arqueológico, se tradujo en la entrega de una máquina compactadora de botellas de plástico el 7 de julio del 2016.
“Esta máquina tiene una capacidad de 9 toneladas para compactar, entonces, una tonelada no es nada”, subrayó López-Doriga al referirse a la capacidad de reciclaje en el centro municipal donde operará este equipo, que contribuirá a proteger el medio ambiente en Machu Picchu”, subrayó.
Con respecto a este modelo de gestión ambiental, donde se conjuga la iniciativa privada y el sector público, el presidente de la cadena hotelera Inkaterra, José Koechlin, resaltó el esfuerzo que estas organizaciones vienen desarrollando en la preservación de este patrimonio cultural de la Humanidad, reconocido por la UNESCO en 1983.
“Se unen para darle a la municipalidad una solución a un problema que desde hace años estaba siendo observado por la UNESCO, era la cantidad de plástico que llega al pueblo y que busca que sea bien manejado para que no contamine el ambiente”, sostuvo.
A partir de ahora, las autoridades locales ya no tendrán que preocuparse por las miles de botellas de plástico que invadieron la ruta hacia este centro arqueológico peruano, que recibe diariamente alrededor de 3.000 turistas.
“Hace unos años que estamos trabajando en esto y por fin se ha conseguido. Ustedes han visto cómo todo el plástico de Machu Picchu se está compactando, lo cual permite su salida más fácil, porque aquí no hay camiones ni vehículos que puedan llevarse los plásticos de la manera habitual como es en las ciudades. De aquí todo sale por tren”, detalló.
Koechlin también anunció el nuevo proyecto de construcción de una planta de biodiesel en Machu Picchu pueblo para reciclar el aceite vegetal quemado en los restaurantes para su conversión en biodiesel.
Manifestó que actualmente, el aceite quemado, se va por las tuberías al río Urubamba y contamina sus aguas. Un litro de aceite orgánico quemado, usado en las pollerías, los restaurantes los hoteles y las casas, contamina alrededor de 1.000 litros de agua del mencionado río que recorre el Valle Sagrado de los Incas.
“Si estamos hablando que podemos recolectar, no sabemos exactamente cuánto, pero quizás unos 3.000 litros al mes, vienen a ser como 3 millones de litros de agua” que se están contaminando y dañan las poblaciones más abajo del Machu Picchu, anotó.
Koechlin destacó que este programa, gestionado por iniciativa privada y el municipio distrital, busca que se pueda crear un modelo pionero en el manejo de residuos que pueda replicarse en otras zonas del Perú y convertir Machu Picchu “en un modelo de gestión ambiental”.
Al respecto, la subgerente de Gestión Ambiental de la Municipalidad de Machu Picchu, María Moreno Arredondo, explicó que antes del desarrollo de este programa la localidad afrontaba un gran peligro por la cantidad de botellas de plástico en sus calles.
“El problema que tenemos es el reciclado de las botellas de plástico, el material PET. Hemos logrado alcanzar casi un 100 por ciento en la minimización del impacto visual que nos generaba el acopio”, explicó.
Según la funcionaria, Machu Picchu pueblo, que es una parada obligada antes de llegar a la ciudadela inca, luego de una hora de viaje por tren desde la localidad vecina de Ollantaytambo, recoge alrededor de 1.000 kilos de residuos plásticos.
A “diario recolectamos, más o menos, una tonelada de botellas plásticas”, detalló señalando la gran cantidad de botellas y otros residuos que las autoridades municipales recogen en toda la localidad, donde existen decenas de tiendas, restaurantes, centros de artesanías y hoteles invadidos por turistas de todo el mundo.
Moreno indicó que la ruta de los desechos comprende un punto de recolección municipal, después su traslado final hacia un relleno sanitario que está ubicado en la localidad de Maras, de la provincia de Urubamba, a unas dos horas de la ciudad de Cusco.
“La empresa ferroviaria PerúRail transporta los residuos sólidos hasta su punto de transferencia, que es en la localidad de Pachas, brindándonos los planos y las bodegas para hacer el transporte diario”, puntualizó.
El esfuerzo que realizan las organizaciones sociales, empresariales, municipales y la ciudadanía en general redundará en la preservación de la ciudadela inca de Machu Picchu y cumple con las exigencias de preservación observadas por la UNESCO.

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