Creciente decadencia

decadenciaAsí como un pueblo representa su país, el “modus operandi” de un país, en relación a su gobierno, traduce la idiosincrasia prevaleciente entre sus conciudadanos. Tenemos así que, directa y proporcionalmente, están los absurdos a la vuelta de nuestro cotidiano, aquellos que derivan de la “cúpula-dirigente”, como una rueda-molino de movimiento continuo.
Las personas reclaman, sin querer entender o aceptar que un cuerpo enfermo sólo será curado, si son revitalizadas cada una de sus células de manera individual. Infelizmente, el espíritu de equipo es devastado por los egos inflados, por la ganancia inescrupulosa y por ideologías mezquinas, excluyendo de las mentes lo innegable: somos parte de un engranaje y, como tal, debemos actuar en forma sincronizada y cuidadosa.
Claro, observamos que últimamente la palabra dada -sea por quién o en el ámbito que sea- pierde vertiginosamente su valor ante la baja estirpe del aplicado, en lo que se refiere a la formación de los caracteres [observado en gran parte de las últimas generaciones]
La disolución de la familia, célula principal y cimiento de cualquier organización, se hizo algo trivial -facilitada por la negación de las partes al enfrentamiento de los obstáculos- cobardía proveniente de las “holgadas” riendas que conducen la educación en las últimas décadas.
Educar no es adoctrinar, pero para preparar a un individuo para las convivencias, conquistas y superaciones, es necesario que el espacio que le competirá sea visiblemente delimitado, evitando así que migre a las privacidad de otro para causar daño.

(Denise Avila / Porto Alegre – Brasil)

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