El día que perdí la elegancia en el vestir

Podría decirse que soy una hombre con personalidad muy bien definida, no tengo complejo de inferioridad y mucho menos de superioridad; sin embargo, eso no quiere decir que me considere uno más del montón, “tampoco tampoco” -como diría Kenyi- pero eso sí, debo admitir algo que siempre me caracterizó; la elegancia en el vestir, ya que desde siempre gran parte de mi dinero  lo utilice para incrementar mi stock de camisas y sacos pues gustaba vestirme de acuerdo a la ocasión, incluso varias veces supe llegar a algún “tono” vestido mismo “cafichon” incluido tabas de charol de dos colores y con tacos aperillados que me ayudaban a lucirme en la pista de baile de salón o de callejón. Otras veces usé hasta corbata “michi”; es decir siempre de acuerdo a la reunión del momento, aunque por lo general estaba ataviado con mi saquito sport, buena camisa, buen lompa y mis tabernas bien lustradas, pues cuidaba mucho de no aparecer por ahí mal vestido… Debo admitir que eso si me daba mucha vergüenza..

Pero, cierto día me sucedió algo que jamás pensé que me sucedería, fue el roche más vergonzoso de mi vida; más déjenme explicarles detalladamente:
Mi hijo Tito estaba jugando por las divisiones menores del Deportivo Municipal y con frecuencia se iba a entrenar o a jugar en diferentes campos deportivos; como soy hincha acérrimo de la Franja me sentía feliz que el muchacho forme parte de una nueva promoción de “La Academia”, y por lo general le daba una propina para que se vaya a jugar tranquilo.
Cierto día, precisamente cuando estaba en mi casa haciendo no se qué tarea domestica, con una barba de dos días, vestido con un viejo jean descolorido por el tiempo, la camiseta de un antiguo club de barrio y unas zapatillas sucias y sin medias, se apareció un primo y me dice

– “Brother vamos a ver a los juveniles del Muni va a jugar tu hijo y mi sobrino”
– “No hermanito, como te imaginas que voy a ir así, mira como estoy; no, no y no, de ninguna manera, yo no salgo así.
– Quien te va a ver, van a jugar en San Juan de Miraflores, prácticamente en un terral, así que estás perfecto… No vas a ir con terno a ese lugar no?
– No hermano, no voy..
– Puta madre, déjate de huevadas y de engreimientos vamos en mi carro los vemos y regresamos.
No sé como lo hizo, pero me convenció.

Llegamos cuando había comenzado el segundo tiempo. Los muchachos ganaron 2 x 0 y entre la algarabía de los festejos, vi que los encargados del comando técnico se me acercaron y me saludaron efusivamente ¡TÌO QUE ALEGRÍA! Como estas tiito… Eran mis “sobrinos” de mi barrio de Breña; Máximo Alfaro (Ex Municipal, Defensor Lima, Universitario , Torino etc.) que era el entrenador. Adhemir Arroe (ex Municipal, defensor Lima  etc) y Kike Chavez Arroe (otro tremendo jugador) quienes me saludaron con un efusivo abrazo, mostrándome afecto y respeto, después se retiraron para seguir dándoles algunas instrucciones a sus pupilos.
Media hora después y cuando ya estaba por retirarme se me acercaron nuevamente kike y Adhemir y me dijeron “Tio no se vaya, hoy es cumpleaños de Máximo Alfaro vamos a ir a su casa a tomarnos una cervecitas, queremos que nos acompañe”.

– ¿Qué? No sobrinos, como voy a ir así, no se dan cuenta como estoy vestido.
– Y cuál es el problema tiito si vamos a estar en confianza; además vergüenza de quien si somos del barrunto y estaremos solos, … tranquilo, no pasa nada “tifio” Vamos.
– No, no voy – ya pé tío – He dicho no y eso es no – ya pé tío no te hagas de rogar.
– No.
– Sí
– No.
– Sí…
Tampoco me explico como sucedió, La cuestión es que me volvieron a convencer.

Aparecí en la casa de Máximo Alfaro (Mi primo se fue, llevándose a mi hijo y a mi sobrino) Gracias tío por venir me decía Máximo muy amablemente mientras me daba una botella de cerveza heladita – Sáquele el veneno tío- Yo, por supuesto no me hice de rogar y empezamos la celebración. Comenzaron los primeros chistes, luego a matarnos de risa recordando graciosas anécdotas de los muchachos del barrio, mientras escuchábamos unas salsas duras de la colección discográfica de Alfarito. Pasaron unas horas y me puse tan sabrosón que me olvide de la vestimenta y del qué dirán; hasta que sonó el timbre de la casa. Alfaro abrió la puerta y saludo a los que llegaban; eran varias personas hombres y mujeres, correctamente vestidos con terno, corbata y las mujeres con bonitos vestidos, todos con regalos.
Pasaron los minutos y poco a poco fueron llegando más y más personas siempre elegantes que en medio de la reunión comenzaron a verme con extrañeza pues mi vestimenta y comportamiento estaban algo “desnivelados jajajajaja es decir “cerveceado”, alegre y con una facha desastrosa para la ocasión. Se armó un rumbón bien bacán en la casa de Máximo; y yo tomando conciencia de la situación en la que me encontraba, me arrinconé, buscando el momento oportuno para desaparecer a de ahí. Fue cuando aparecieron otros amigos con sus esposas también elegantemente vestidos para participar de la fiesta “sorpresa” que su esposa le daba a Máximo, como me conocían bien me saludaron visiblemente extrañados por la extraña vestimenta que llevaba.

Hasta que llegó la hora del discurso, No faltó por ahí alguno que dijo que hable nuestro amigo el Doctor Revoredo, ¿Doctor?, ¿amigo? ¿Que hable? Sonreí ante la expectativa y empecé disculpándome por la forma como estaba ataviado en ese especial momento y puse de testigos a mis “queridos sobrinos” Máximo Alfaro, Adhemir Arroe y Kike Chávez para que me salven de esta vergüenza, diciendo

– Bueno ellos me invitaron así como me encontraba ¿no sobrinos?
La respuesta de los tres me dejó más avergonzado de lo que estaba
– Si tío lo invitamos para que venga, pero jamás pensamos que vendría vestido así tan sucio, dijo Adhemir Arroe..
– Claro pé tío usted aceptó y nos siguió, debió al menos haberse cambiado de ropa ¿no? -Dijo Kike
– ¿No pensé que usted sería tan sinvergüenza tío como se vino a mi reunión en esa facha? –terminó diciendo Máximo Alfaro moviendo la cabeza desaprobatoriamente.
– Tío y con esas zapatillas toda sucias
– Y ese pantalón
– No puede ser… Insistían con la joda.

Yo muriéndome de vergüenza no sabía que decir. De pronto, todos empezaron a reir, porque conociéndolos como son de pendejos  sabían que me estaban jugando una “broma” .
Después del rochezaso y mostrando una sonrisa forzada para barajarla me senté en una esquina y seguí tomando mis cervezas buscando el momento oportuno para desaparecer de ahí, mientras pensaba…,

“ Ya se cagaron estos tres… Ahora me la hicieron pero en cualquier momento les voy a hacer una que no se olvidarán de mi”

Bueno; de esto pasaron ya muchos años pero la vergüenza que me hicieron sentir ese día no la olvidaré jamás; así que ya tengo pensado varias formas para devolverles la pendejada…
Aclaro que hace buen tiempo que resido fuera del país, pero eso no quiere decir que se salvaron pues en algún momento que regrese a mi querido Perú los voy a cagar,

Estos tres creen que me he olvidado.

 

 

Roberto Revoredo Castro

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