El rechazo a las corridas de toros en época de la independencia del Perú

Una de las actitudes, que en estos tiempos de marcada indiferencia me transmite enorme satisfacción, es notar el poco interés que vienen mostrando las nuevas generaciones a la escenificación de una de las más crueles barbaries ejecutadas por el ser humano: me estoy refiriendo a las “Corridas de Toros”.
Más, lo mejor no es solo la falta de interés, sino que la gran mayoría de jóvenes las rechaza por considerarlas una barbarie.
En la ciudad de Lima -capital no solo del Perú sino también de las corridas de toros- las muestras de rechazo a este tipo de “entretenimiento” basado en torturar hasta la muerte a un desconcertado animal, no es cosa reciente. Las protestas para que se elimine la práctica de esta cruel barbarie se daban ya en la época de la independencia del Perú, de acuerdo a un artículo publicado el día jueves 21 de marzo de 1822, en el periódico EL SOL DEL PERÚ, una de las publicaciones más importantes de esa época perteneciente a la Sociedad Patriótica del Perú, que era impreso por la imprenta del Estado.

“ Las jugadas de toros introducidas por la barbarie, reprobadas por el buen sentido, y toleradas no obstante por la fatalidad que ha preparado otros tantos abusos monstruosos, hace tiempo tiene tan contra de sí la opinión de las personas ilustradas, que apenas fue propuesto el proyecto de su abolición por el ilustrísimo honorable señor ministro de estado, presidente de la sociedad; cuando se levantó un clamor universal de todos los miembros que se hallaban presentes, decididos porque dicha abolición se llevase a debido cumplimiento. Fue delicioso ver este ardiente testimonio de obsequio a la razón, y considerar la inmensa distancia que con solo este paso andaba el Perú en la carrera de su civilización…”

Puede notarse la satisfacción del director del periódico y también autor de la nota, que era nada menos que el Dr. José Gregorio Paredes. al referirse a la unánime decisión de los miembros de la Sociedad Patriótica, colocándose a favor de abolir las corridas de toros en el Perú. Podemos apreciar además que en su apelo, el Dr. Paredes recurre incluso a aspectos socio-educativos para demostrarla la falta de sensibilidad ante una cruel carnicería

“…La sensibilidad o sea la compasión, este afecto tan provechoso para el cumplimiento de los oficios sociales, auxiliar de mil virtudes, y que los amigos de la humanidad han cuidado siempre de fomentar, es ofendida de infinitos modos en la lucha de que tratamos…”

Luego, narra detalladamente cómo va desarrollándose el proceso de tortura a un indefenso y noble animal, que a través del tiempo –manifiesta- ha sabido convivir fielmente con el hombre, participando denodadamente de muchas de sus tareas, facilitándole el desarrollo de las mismas.

“..Al toro, blanco directo de los tiros, antes de la salida se le hinca con punzones, y se le cosen los adornos en la piel viva para irritar una bravura que no es la suya, y puesto en plaza cae sobre él un enjambre de horribles instrumentos que dan fin a su vida con tormentosos exquisitos; cuya impresión explica en aquellas maneras doloridas, pero graves y majestuosas propias de tu especie una de las más bellas y elegantes que tiene el reino animal; y con los cuales parece se queja al cielo de la ingratitud del hombre con quien ha partido las tareas de la labranza y acarreo, a quien a alimentado con su carne y su leche, y administrado últimamente el admirable preservativo contra la enfermedad más atroz…”

Hace mención además, que ya anteriormente se había dejado fuera de la ley la práctica de esta sangrienta e inhumana actividad, cuando el Rey Carlos IV mediante una Real Cédula del 10 de febrero de 1805 prohibía en todo el reino celebrarse corridas de toros, incluidas novilladas, cuyo resultado final fuese la muerte del animal.

“…Cuando el rey Carlos IV en cuyo infausto gobierno vio sin embargo España algunos establecimientos útiles y leyes saludables, prohibió perpetuamente las corridas de toros, y mandó demoler las plazas destinadas a este objeto, no dio otra causal de su resolución que los daños inferidos a la agricultura, ni le estaba bien aducir otras por no poner más en descubierto el honor de su nación…”

Como se puede apreciar en la misma España de los 1800 existieron protestas y medidas contra esta actividad.,, Asimismo, de el Perú del siglo XIX existen antiguos documentos que demuestran también el desagrado de la población por estas crueles y sangrientos “entretenimientos”.
Por eso, para la gran mayoría, es inadmisible e inexplicable que en pleno siglo XXI todavía encontremos seres humanos que ven el salvajismo y la crueldad de las corridas de toros como “arte”.
Ahora, debemos admitir sí que la tauromaquia es una expresión cultural, pero también debemos reconocer que es parte del folclor español, que fue traída e impuesta por los colonizadores en el Perú, un país reconocido por la gentil convivencia de sus pobladores con sus animales a quienes aman como a cualquier ser humano, por lo que es muy difícil que admitan esta forma de crueldad como expresión de su identidad.
Debemos entender de una vez por todas que estas prácticas sanguinarias de hacer que los animales mueran después de haberseles infringido muchos sufrimientos, solo sirve para desnaturalizar al ser humano convirtiéndonos en una de las más crueles y aterradoras bestias.

Jeremy Bentham solía decir: “No interesa saber si los animales son capaces de pensar. Lo importante es saber que son capaces de sentir”

 

 

 

Periodista: Roberto Revoredo Castro

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