Emmanuel Macron es el nuevo presidente de Francia

El candidato Emmanuel Macron, al frente del nuevo movimiento En Marche!, se impuso rotundamente en las urnas a Marine Le Pen. Macron consiguió un 66,06% de votos, frente a un 33,94% de Le Pen, con el 100% de las papeletas escrutadas. El nuevo presidente de Francia de 39 años será el presidente más joven de la V República, conectó con las ansias de aire fresco y renovación moderada de millones de franceses, y se benefició de amplio rechazo que suscita el partido de su rival, el Frente Nacional.
Nunca en la V República, con la excepción de Jacques Chirac en 2002, un presidente habrá llegado al poder con una victoria tan clara. Chirac derrotó al padre de Marine Le Pen, Jean-Marie, con un 82% de votos. El nivel de abstención también se acerca a niveles récord, un 24,89%, la más elevada desde 1969.
La historia nunca se mueve en línea recta, ni sirven los relatos que todo lo abarcan, como demuestra la elección francesa de 2017. En el año del populismo y el nacionalismo, en unas sociedades marcadas por el hartazgo con las élites, en un momento de escepticismo con el capitalismo de libre mercado y el orden liberal internacional, de crisis de la integración europea y de miedo a los inmigrantes y refugiados, Francia emprende otro camino.
Si hace unos meses, en el mundo convulsionado por la irrupción de Trump y la salida de Reino Unido de UE, alguien hubiese pronosticado que los franceses elegirían un presidente europeísta y liberal, defensor de la globalización y partidario de la apertura de las fronteras a las personas y a las mercancías, habría pasado por un desinformado, o un incauto.
“Defenderé Francia, sus intereses vitales, su imagen”, dijo Macron en un discurso solemne. “Defenderé Europa: es nuestra civilización lo que está en juego, nuestra manera de ser libres. Me esforzaré para rehacer los vínculos entre Europa y sus ciudadanos. Envío a las naciones del mundo un saludo de la Francia fraternal”.
Por su parte Le Pen, tras felicitar al vencedor, anunció la transformación del Frente Nacional en un nuevo movimiento que defenderá lo que ella llama los “soberanistas” frente a los “mundialistas”.
Una parte del voto a Macron es un voto de adhesión; una parte aún mayor lo constituyen ciudadanos de derechas e izquierdas que ante todo querían frenar al Frente Nacional de Le Pen. Son votantes prestados, que no regalarán nada al presidente en los próximos meses y que en algunos aspectos —la economía, o Europa— se oponen a sus ideas.
El peligro para Macron es la fuerte contestación que encontrará a izquierda y derecha, los sempiternos bloqueos con los que cualquier presidente reformista —y casi todos llegan prometiendo, por fin, la reforma— se estrellan a los pocos meses de instalarse en el Elíseo. Antes deberá nombrar al primer ministro —las quinielas señalan desde al veterano barón centrista François Bayrou hasta una mujer procedente de la sociedad civil— y obtener una mayoría parlamentaria en las elecciones legislativas de junio.
La victoria de Macron por ahora significa más por lo que evita —el ascenso al poder de un partido extremista que quería sacar a Francia de la UE y del euro— que por sus propuestas en sí. La potencia simbólica del resultado —un hombre joven, al que ya se ha comparado con el canadiense Justin Trudeau y al que se comparará con John Kennedy en el mundo de los Trump, Putin y el Brexit— desborda los detalles programáticos de En Marche!.
Francia, pese a su menguante peso internacional y sus inseguridades existenciales, tiene en común con EE UU su vocación universal, la creencia de que la ‘idea francesa’ —los ideales de la Revolución, los derechos humanos— trasciende sus fronteras. El general De Gaulle hablaba en 1945 de “estos momentos de la historia en los que en el suelo de Francia se decidía la suerte de Europa y, a través de ella, incluso del mundo”. La elección de Emmanuel Macron es un mensaje global.

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