La clonación de humanos no es ni será posible

¿Clonar humanos? A partir de esta pregunta Francisco J. Ayala (Madrid, 1934) ha construido una nueva entrega editorial que publica estos días Alianza. Su empeño divulgativo le ha llevado de su actividad docente en la Universidad de California a libros como ¿De dónde vengo? ¿Quién soy? ¿A dónde voy? o ¿Soy un mono? El interrogante es, como se ve, el hábitat de este científico reciente medalla Blaise Pascal de la Academia Europea de Ciencias, Premio Templeton y ex presidente de la American Association for the Advancement of Science. Partimos, por tanto, en esta entrevista de otra pregunta esencial.

Pregunta.- ¿Qué determina nuestra humanidad?
Respuesta.- Nuestros genes, naturalmente. Pero también el ambiente en el que vivimos, que incluye las condiciones tanto físicas como sociales. Las diferencias bioquímicas y genéticas entre Homo sapiens y los antropoides son relativamente pequeñas. Las anatómicas son mayores pero, aun así, palidecen en comparación con las semejanzas.

P.– ¿Tenemos razones para sentirnos únicos?
R.- Lo limitado de las diferencias bioquímicas, genéticas y anatómicas es una realidad, pero ello no nos dice por qué los humanos se perciben a sí mismos como seres únicos entre todos los organismos. Las diferencias fundamentales entre los humanos y los antropoides se dan en el dominio del comportamiento individual y social. Las diferencias anatómicas, en particular el gran desarrollo cerebral, han hecho posible la “cultura”, que provee modos de vida completamente nuevos, radicalmente diferentes de los del resto de los seres vivientes.

La cultura es pues, para Ayala, el atributo distintivo de la humanidad. El sentido que le da a este concepto abarca todas las actividades humanas que no son estrictamente biológicas. La cultura abarcaría las estructuras sociales y políticas de los seres humanos, sus modos de vivir y actuar, las tradiciones éticas y religiosas, el lenguaje, la literatura, el arte, los conocimientos científicos, la tecnología y, en general, todas las creaciones de la mente humana: “Aunque existen formas de organización social primitiva en ciertos grupos animales, como las abejas y las hormigas, nada semejante a la cultura humana se da fuera de nuestra especie”.

P.– ¿Pueden seguirse los rastros de la selección natural en la humanidad moderna?
R.- Sí, pero los efectos de la selección natural cambian con el tiempo. Son muy diferentes ahora de lo que eran hace diez mil años. Y seguirán cambiando en el futuro. Algunos biólogos, sociólogos y genetistas -entre ellos el Premio Nobel Hermann J. Muller- han afirmado que la selección natural ya no ocurre en nuestra especie o, al menos, se ha reducido enormemente. Se afirma que los avances de la medicina, la higiene y la nutrición han eliminado en gran parte la muerte antes de la edad madura. Es decir, la mayoría de las personas viven más allá de la edad reproductiva, después de la cual la muerte ya no tiene consecuencias para la selección natural.

P.– ¿Diría entonces que seguimos evolucionando?
R.- La humanidad continúa evolucionando biológicamente porque persisten las condiciones necesarias para la evolución, que son variabilidad genética y reproducción diferencial. Hay muchísima variación genética en los más de 7.000 millones de personas de la especie humana. Con la excepción de los gemelos idénticos, que se desarrollan a partir de un único óvulo fecundado, no es probable que haya dos personas que vivan en la actualidad que hayan vivido en el pasado o que vayan a vivir que sean idénticas desde el punto de vista genético. Gran parte de esta variación es relevante para la selección natural. La selección natural puede reducirse en intensidad pero no desaparecerá completamente. Mientras haya variación genética y los portadores de determinados genotipos tengan más probabilidad de reproducirse que otros, la selección continuará.

De la edición a la clonación

P.– ¿Cómo conectaría selección natural y organización cultural?
R.- Los cambios culturales, como el desarrollo de la agricultura, la migración desde el campo a las ciudades, la contaminación ambiental y muchos otros, crean nuevas presiones de selección. Lo que hay que tener presente es que los ambientes humanos están cambiando más rápido que nunca, debido precisamente a la tasa acelerada del cambio cultural. Piense que esos cambios ambientales son los que provocan las nuevas presiones.

P.– ¿Podría la ingeniería genética condicionar los “criterios” de selección natural?R.- Sí. La ingeniería genética tiene ya consecuencias, pero las tendrá mucho más importantes en el futuro. La ingeniería genética puede ser negativa o positiva. La negativa, o terapia genética, se refiere a la corrección de defectos genéticos o de sus consecuencias. La positiva persigue reemplazar los genotipos de los individuos actuales con genotipos más favorables.

P.– ¿Qué opinión le merece la llamada técnica CRISPR de edición genética?
R.- Un método fabuloso, con grandes posibilidades futuras para modificar los genes humanos, con aplicación importante a los genes que condicionan enfermedades y defectos. Particularmente útil es CRISPR-Cas9, un enzima especializado en cortar ADN.

P.– ¿Está la ciencia preparada para clonar seres humanos?
R.– No. En sentido estricto la clonación de humanos no es ni será nunca posible. Los genes se pueden clonar; la persona, no. Si alguien clona mi genoma, el individuo desarrollado tendrá ciertas semejanzas conmigo, pero no será Francisco J. Ayala. La persona está determinada no solo por sus genes, sino también por la totalidad de sus experiencias, que empiezan ya en el seno de la madre y continúan en la familia, el colegio y todo lo que sigue en la vida del individuo, año tras año, sito tras sitio y experiencia tras experiencia…

P.- ¿Pondría límites a la ingeniería genética?
R.- Sí, tanto por razones biológicas como culturales y sociales. Es necesario mantener una perspectiva ética.

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