Médicos tratan favorablemente con marihuana las convulsiones epilépticas

maconhinCharlotte Figi, una niña de Colorado de ocho años de edad que vive con síndrome de Dravet, una forma rara y debilitante de epilepsia, se convirtió en una persona pública en 2013, cuando se conoció la noticia de que la marihuana medicinal había sido capaz de hacer lo que otros fármacos no había logrado: reducir drásticamente su convulsiones. Ahora, una nueva investigación científica proporciona evidencia de que el cannabis puede ser un tratamiento efectivo para un tercio de los pacientes con epilepsia que, como Charlotte, tienen una forma de la enfermedad que es resistente al tratamiento.
Orrin Devinsky, neurólogo del Centro Médico Langone de la Universidad de Nueva York, y sus colegas provenientes de múltiples centros de investigación, publicaron el mes pasado en The Lancet Neurology los resultados del estudio más grande que hasta la fecha se haya hecho de un medicamento con base de cannabis para tratar epilepsia resistente a otros tratamientos. Los investigadores trataron a 162 pacientes con un extracto que contiene 99% de cannabidiol (CBD), un producto químico no psicoactivo de la marihuana, y los monitorearon durante 12 semanas. El tratamiento se administró como complemento a los medicamentos que los pacientes ya estaban recibiendo y el ensayo fue abierto, es decir, todos los participantes sabían lo que estaban recibiendo.
Los investigadores reportaron que la intervención redujo las convulsiones motoras en un número similar a lo que lo hacen los fármacos disponibles (una media de 36,5%) y el 2% de los pacientes se liberó completamente de sus crisis. Adicionalmente, 79% de los pacientes reportaron efectos adversos, como somnolencia, diarrea y fatiga, aunque sólo el 3% abandonó el estudio debido a eventos adversos. “Me sorprendió un poco que el número total de efectos secundarios fuera bastante alto, pero parece que la mayoría de ellos no eran razón suficiente como para que los pacientes abandonaran la medicación”, dice Kevin Chapman, profesor de neurología y pediatría en la Escuela de Medicina de la Universidad de Colorado, y quien no participó en el estudio. “Creo que [el estudio] ofrece algunos datos buenos para demostrar que es relativamente seguro. Los efectos adversos fueron en su mayoría leves y [aunque] hubo efectos adversos graves, siempre es difícil saber en una población tan refractaria si eso hubiera ocurrido de todas formas”.
Historias de las capacidades del cannabis para aliviar las convulsiones han existido desde hace unos 150 años, pero el interés por la marihuana medicinal ha aumentado considerablemente en la última década con la ayuda de campañas de legalización. En particular, los pacientes y los científicos han comenzado a centrarse en los beneficios potenciales del CBD, uno de los principales compuestos del cannabis. A diferencia de tetrahidrocannabinol (THC), que es responsable de sus efectos eufóricos, el CBD no “droga” o plantea el mismo tipo de riesgos que los investigadores han identificado para el THC, tales como la adicción y el deterioro cognitivo. En su lugar, los estudios han demostrado que puede actuar como un anticonvulsivo y puede incluso tener efectos antipsicóticos.
El ensayo clínico dirigido por Devinsky es actualmente la evaluación más robusta de los efectos del CBD sobre la epilepsia (estudios previos habían incluido a menos de 20 pacientes), pero aún quedan muchas preguntas. En un comentario posterior publicado este mes, también en la revista The Lancet Neurology, Kamil Detyniecki y Lawrence Hirsch, neurólogos en la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale y que no participaron en la investigación, describen las principales limitaciones del estudio, entre las que se incluyen posibles efectos placebo y las interacciones medicamentosas.
Debido a que el experimento fue abierto y sin un grupo de control, una de las principales preocupaciones es el efecto placebo, que estudios previos han demostrado que podría ser especialmente fuerte con productos a base de marihuana. Por ejemplo, un estudio anterior realizado en 2015 por Chapman y su grupo en la Universidad de Colorado, reveló que el 47% de los pacientes cuyas familias se habían mudado a Colorado para tener acceso a tratamientos de epilepsia a base de cannabis había reportado mejorías, en comparación con un 22% de las personas que ya vivían allí con anterioridad.
Otro tema importante es la posibilidad de interacciones con otros medicamentos, porque dado que el CBD es un potente inhibidor de la enzima hepática puede aumentar la concentración de otros medicamentos en el cuerpo. Esto significa que cuando se administra con otros compuestos, los consiguientes efectos en los pacientes podrían ser resultado de una mayor exposición a esos otros fármacos en lugar del propio CBD.
A pesar de estas limitaciones, los autores del comentario están de acuerdo con que el estudio es un paso importante en el establecimiento de la CBD como un tratamiento seguro y eficaz para la epilepsia. “Este es un primer paso, y es genial”, dice Detyniecki. A pesar del gran número de eventos adversos, dice que, en general “no hubo efectos secundarios sorprendentes, por lo que podemos concluir que el CBD pareciera ser seguro a corto plazo”.
Puede que haya un aumento en la evidencia que sugiere que el CBD es eficaz contra la epilepsia resistente al tratamiento, pero los científicos todavía saben muy poco acerca de cómo funciona. Solo saben que hay una probabilidad de que sea “completamente diferente a cualquier otra droga anticonvulsiva que conocemos”, tal como lo señala Devinsky. Eso es algo bueno, señala él: “Uno de los temores es que, debido a la forma en que los medicamentos son probados y evaluados, hemos acabado con una gran cantidad de drogas que son muy similares”.
Los investigadores, entre ellos los que participaron en el estudio publicado en diciembre pasado, esperan hacer frente a estas limitaciones con ensayos clínicos ciegos y con placebo controlado que se están llevando a cabo actualmente para probar los efectos del CBD en personas que sufren de Dravet y el síndrome de Lennox-Gastaut, otra forma de epilepsia resistente a los medicamentos. Mientras tanto la mayoría de los médicos e investigadores, incluidos los que participaron en el ensayo clínico, aconsejan tener un “optimismo cauteloso” al considerar el CBD como tratamiento de la epilepsia.
“Creo que, basándonos en la evidencia que tenemos, si un niño ha intentado múltiples fármacos que son estándar y la epilepsia sigue siendo grave y disminuye la calidad de vida, entonces los riesgos de probar CBD podrían considerarse entre bajos y modestos, en el mejor de los casos”, dice Devinksy. “[Pero] yo siento que es crítico para nosotros como comunidad científica el obtener [más] datos”. Puede que el cannabis sea un tratamiento muy necesario para un puñado de personas con epilepsia, pero por ahora, los pacientes deberían esperar a que los científicos despejen la bruma.

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