Messi en caida…

messiosUna foto gigantesca de Messi recibe desde hace un mes a los visitantes del Camp Nou. “History happens here” (“la historia pasa aquí”), se lee cuando se ingresa a sus instalaciones. Messi es una deidad y en él, sólo en él, creía la afición del Barça, agolpada a las puertas del Estadio y con un sentimiento bien parecido a la noche mágica del PSG, la que da origen a la foto de Messi enloquecido y líder de su tribu.
Ocho partidos de cuartos de final de Champions sin hacer un gol parecen demasiados. Messi los llevaba. Nueve, casi un imposible. Pero Messi volvió a quedarse sin batir a Buffon.
No lo ha hecho en toda su carrera. Tan bajo le vio el portero que, tal vez pensando en sus críos, que veneran a Messi, hasta le consoló a ratos.
Las lágrimas de Neymar al final, la sangre de Messi en mitad del partido, fueron las del Barça, que se chocó con una roca, la Juve.
Salvo episodios muy esporádicos en los que partió de la banda derecha, Luis Enrique, o él mismo, prefirió colocarse como enganche. Tuvo dos ocasiones en la primera parte. Un remate franco de los que no suele perdonar pero que le escapó por poco. Y una parada con rechace de Buffon que mandó a la red lateral.
Para marcar territorio, y liderazgo, Messi ordenó a sus compañeros que no devolvieran el balón después de que Dybala echase el balón fuera para atender al controvertido Mandzukic. El segundo tiempo fue directamente un clínic de impotencia. Una falta fuera, un remate ajustado a centímetros de Buffon, un balón muerto malgastado con la derecha… Messi se fue apagando.
Como el Barça. Esta vez no hubo magia, ni “la historia pasó aquí”. Es un golpe bajo y durísimo para este fenómeno. Eso sí. Por estos territorios hay algunas cosas que no se discuten. Messi acabó el partido como lo empezó. Aclamado. Como el Barça. Hay que ser agradecido.

(Juan Jiménez / Diario AS, España)

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