Policía revela siniestros planos de la mayor organización criminal de Brasil

Escuchas telefónicas y un elaborado plan de seguimiento y espionaje que incluye revisar las alcantarillas en las prisiones han permitido a la Policía brasileña conocer y descubrir algunos de los planes que tenía previstos poner en marcha el Primer Comando de la Capital (PCC), considerada la mayor organización criminal del país y cuya influencia se extiende ya a otros países sudamericanos.
La Policía Civil del estado de Sao Paulo (sureste de Brasil), donde nació la organización y tiene una mayor presencia, reveló en un documento oficial divulgado este mes tras un minucioso trabajo de investigación que el PCC prepara un “verdadero genocidio” en el país, en medio de la guerra que tiene declarada a grupos rivales por el dominio del tráfico nacional de drogas.
Parte de los detalles se descubrió gracias a la incautación de los teléfonos móviles y tabletas de dos miembros de la banda responsables del control de asesinatos encargados por la organización, así como a una gran operación realizada el mes pasado en 14 estados de Brasil contra la banda criminal.
Dentro de los aparatos aprehendidos, la policía encontró miles de imágenes de personas asesinadas por todo el país: enemigos de la facción o miembros del grupo acusados de haber cometido faltas graves.
Se calcula que al menos dos personas son asesinadas diariamente en Brasil a manos del PCC, en una guerra que tuvo su punto álgido el año pasado cuando se produjeron violentas matanzas en varias prisiones del país en la disputa por el control del tráfico de drogas, dejando más de 200 muertos.
El documento de la Policía Civil también revela que los líderes del PCC ordenaban que todas los asesinatos fueran fotografiados o filmados y enviados a los jefes responsables del conteo de muertes.
En una ocasión, los sicarios de la facción asesinaron a una persona en el estado de Mato Grosso do Sul (centro-oeste de Brasil) aunque “olvidaron fotografiar a la víctima”. Al informar a los jefes sobre el olvido, los verdugos fueron obligados a regresar a la escena del crimen, desenterrar el cuerpo y hacer el registro gráfico.
En el caso de los miembros del gran rival del PCC, el Comando Vermelho, la orden es que no mueran a tiros y sí torturados y acuchillados.
Las escuchas telefónicas también permitieron a la Policía Civil descubrir que el PCC está planeando una serie de ataques a juzgados de todo el país en busca de las armas que están bajo custodia de la administración de Justicia.
Los agentes descubrieron que los jefes de la banda dieron órdenes para identificar todos los juzgados brasileños que tengan bajo su custodia “herramientas” incautadas (así es como los miembros de la banda llaman a las armas).
Los miembros de la banda tienen la orden de conseguir información sobre edificios judiciales y direcciones, y enviar fotos para que sea más fácil identificar los inmuebles de cara a futuras acciones.
“La información ayuda a perpetrar las acciones de la facción cuyo objetivo es el robo de las armas que se encuentran en los depósitos del Poder Judicial de todo Brasil”, asegura el documento de la Policía.
Las autoridades admiten que la mayoría de las órdenes de los jefes del grupo partieron desde el interior de las prisiones en las que están presos. El principal líder del PCC, Marco Camacho ‘Marcola’, preso en una cárcel en Presidente Venceslau (en el interior del estado de Sao Paulo), suele pasar órdenes a los miembros de la banda con total tranquilidad a través de sus familiares o abogados.
El PCC nació en 1993 en una prisión de Sao Paulo y se ha convertido en la mayor facción criminal de Brasil. Se calcula que la banda tiene unos 30.000 miembros distribuidos por todo el país.
Según la Policía, en los últimos años el grupo ha extendido su actividad al tráfico de drogas y armas, especialmente en las regiones fronterizas con Bolivia y Paraguay, donde también han cometido asesinatos, y también al rentable robo de cargas y contrabando de combustible.

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